La Universidad Hallym imprimirá en 3D corazones artificiales en el espacio
Para ello utilizará BioCabinet, una avanzada carga útil dirigida a la investigación que pesa 55 kg, mide 790 × 590 × 249 mm e incluye una bioimpresora 3D y una incubadora para la diferenciación de células madre
En nuestro planeta, las enfermedades pueden tratarse al instante, pero en el espacio es difícil obtener atención médica rápida, y regresar a la Tierra supone una enorme inversión en términos de tiempo y dinero. BioCabinet es una carga útil para la investigación de la biología espacial desarrollada por un equipo de científicos liderado por el profesor de otorrinolaringología Park Chan-heum, del Hospital Chuncheon Sacred Heart de la Universidad Hallym, que tiene como objetivo demostrar el potencial de una «tecnología médica espacial» capaz de superar estas limitaciones mediante un sistema para producir rápidamente tejidos vivos en el espacio y comprobar su respuesta ante las enfermedades.
BioCabinet es una carga útil avanzada dirigida a la investigación que pesa 55 kg, mide 790 ×590 × 249 mm e incluye una bioimpresora 3D y una incubadora para la diferenciación de células madre. Está diseñada para fabricar automáticamente un corazón humano artificial en el entorno espacial. La misión tendrá una duración de 60 días y podrá prorrogarse hasta un máximo de un año, dependiendo del estado de las células y los objetivos de la investigación.
La carga útil está compuesta por dos módulos biológicos. El primero imprime en 3D tejido cardíaco utilizando células madre cardíacas inducidas y observa el proceso por el que se contraen y laten por sí mismas. Estas células se crean reprogramando las células somáticas de una persona para convertirlas en células madre, unas células primitivas que se transforman en células y tejidos cardíacos y que son capaces de desempeñar prácticamente las mismas funciones que las células cardíacas originales. Eso significa que pueden evolucionar en estructuras de tejido cardíaco artificiales que pueden utilizarse en el cuerpo humano con fines prácticos.
El segundo módulo utiliza células madre derivadas de la amígdala. La amígdala es un tejido del cuerpo humano del que pueden extraerse una gran cantidad de células madre, que ejerce importantes funciones desde el punto de vista inmunológico y de la viabilidad celular y que tiene un alto potencial para diferenciarse en una amplia variedad de tipos celulares, lo que podría permitir diferenciar estas células en células vasculares. Si se confirma la estabilidad de la diferenciación vascular —incluso en un entorno espacial—, este nuevo sistema podría utilizarse para tratar enfermedades vasculares tanto en nuestro planeta como en el espacio.
«La investigación espacial no genera ingresos de forma instantánea, pero es un campo que se basa en nuestros sueños y que ha generado tecnologías con una enorme repercusión a largo plazo, como la tomografía computarizada (TC), la resonancia magnética (RM) e Internet», afirma Park Chan-heum, de la Universidad Hallym. «Hace falta mantener la inversión a nivel nacional y, con este estudio como punto de partida, inauguraremos un nuevo capítulo en la historia de la ingeniería biomédica espacial en Corea».





