La fundición Grassmayr recurre a la impresión 3D y a las herramientas digitales para garantizar su futuro
Esta fundición austriaca con 425 años de historia ha decidido combinar los procesos de fabricación modernos con la fundición de bronce tradicional para hacer frente al incremento del coste de las materias primas
Grassmayr Bell Foundry, fundada en Innsbruck (Austria) en 1599, ha decidido incorporar a su empresa de fundición de bronce varias tecnologías de impresión 3D, equipos de escaneado digital, sistemas láser y un software de simulación por ordenador para mantener a flote el negocio ante el aumento del coste de los materiales y la contracción de la demanda eclesiástica.
La compañía familiar está dirigida en la actualidad por los hermanos Johannes y Peter Grassmayr, que fabrican campanas de varias toneladas para templos de toda Europa.
«Algunas de las técnicas que utilizamos se llevan a cabo igual que hace 400 años. Sin embargo, hemos realizado una importante apuesta por la innovación. El sector ha vivido una auténtica transformación, sobre todo a lo largo de los últimos 20 años», señala Johannes Grassmayr en declaraciones a The Associated Press.
Herramientas digitales para reducir los tiempos de producción
El ciclo de producción completo de una campana puede alargarse entre tres y cuatro meses en la industria de la fundición. Tradicionalmente, el proceso de limpieza y pulido de una pieza recién fundida suponía el 30% del tiempo total de fabricación. Sin embargo, con la incorporación de herramientas modernas, la compañía ha logrado reducir esta fase a una décima fracción de ese tiempo.
En cambio, la fase de diseño y conformación de los moldes de las piezas de gran tonelaje puede requerir hasta un máximo de seis meses de trabajo. Durante el vertido de las campanas más grandes, el bronce líquido puede llegar a generar una presión interna de 125 toneladas métricas dentro del molde; de ahí que la fundición emplee exclusivamente arcilla de alta calidad revestida con camisas de acero para soportar dicha carga estructural.
El coste de los materiales y la mano de obra presionan los márgenes

El bronce, que se compone de un 80% de cobre y un 20% de estaño, ha sufrido un notable incremento de precio en los últimos años y ha pasado de 8 € (9,20 $) a 23 € (26,50 $) por kilogramo. A esto hay que añadir que los costes laborales han subido un 30% desde 2020, una dinámica de encarecimiento que afecta de manera transversal a diferentes sectores industriales.
Asimismo, la caída en la construcción de nuevos edificios religiosos ha disminuido la demanda de piezas de nueva fabricación. No obstante, la fundición ha compensado parte de esta reducción mediante la restauración de cientos de campanas con desperfectos procedentes de 12 países europeos.
«Debido a esta tendencia, es imposible prever cuánto costará una campana dentro de un año. Solo podemos esperar que los precios del metal vuelvan a estabilizarse a la baja», concluye Johannes.



