El asesino del consejero delegado de UnitedHealthcare podría haber utilizado una «pistola fantasma» impresa en 3D
La semana pasada, los medios de comunicación de todo el mundo difundieron las estremecedoras imágenes del asesinato del consejero delegado de UnitedHealthcare, Brian Thompson, que fue abatido a tiros a las puertas de su hotel en el centro de Manhattan por un hombre encapuchado. A lo largo del fin de semana, la policía emprendió una operación de busca y captura a gran escala por toda la ciudad de Nueva York y sus alrededores en busca del asesino, que al parecer habría dejado una mochila señuelo llena de dinero del Monopoly en Central Park. Ayer, las autoridades informaron de que habían detenido al sospechoso, Luigi Mangione, de 26 años, en un McDonald’s de Altoona (Pensilvania). En el momento de su arresto, el joven llevaba un manifiesto escrito, varios documentos de identidad y una pistola fantasma que, según han trasladado fuentes de la investigación a The Guardian, «habría sido fabricada con una impresora 3D».
La Policía que detuvo a Mangione cree que esta pistola fantasma podría haber sido la utilizada para matar a Thompson, ya que permite disparar balas de nueve milímetros y puede utilizarse con silenciador. Aunque todavía no se conocen todos los detalles, es posible que este asesinato sea el crimen más mediático en el que se ha empleado una pistola fantasma (posiblemente impresa en 3D). En su momento, también se especuló con la posibilidad de que el arma usada en el asesinato del ex primer ministro japonés Shinzo Abe hubiera sido impresa con dicha tecnología, aunque este extremo nunca se ha confirmado.
Las denominadas «armas fantasma» han demostrado ser un auténtico problema a la hora de controlar su tenencia, sobre todo en los últimos años. Las armas de fuego sin número de serie se suelen fabricar a partir de kits de montaje comprados por Internet que se pueden ensamblar en casa con distintos grados de fiabilidad y funcionalidad. Debido al avance que ha experimentado la impresión en 3D en las últimas décadas, la posibilidad de producir fácilmente componentes de armas a partir de archivos digitales se ha convertido en un riesgo real.
Evidentemente, no es nuestra intención avivar una polémica que ya suele acaparar el debate cuando los medios de comunicación generalistas ponen el foco sobre la impresión 3D. Por cada noticia que se publica en la prensa tradicional hablando del papel de estas tecnologías en el ámbito de la salud o del arte, aparecen cientos más alertando de la amenaza que supone su uso en la fabricación de armas. Como los miembros de la industria de la AM saben bien, este tema no refleja en absoluto las capacidades de la impresión 3D ni sus aplicaciones. Aun así, las armas impresas mediante este sistema, y las armas fantasma en general, constituyen un problema cada vez más serio.
En un artículo publicado en The Guardian, Rueben Dass, un investigador de la S Rajaratnam School of International Studies de Singapur especializado en el tema, aseguraba: «Si observamos las cifras, vemos que el 95% de los ataques han fracasado porque se ha logrado detener a estas personas antes de que llegaran a disparar, ya sea por haber fabricado las armas, por estar en su posesión o por traficar con ellas. Sin embargo, el riesgo es cada vez más grave porque la tecnología resulta cada vez más barata, avanzada y accesible».
Brian Thompson era consejero delegado de UnitedHealthcare, la mayor aseguradora de Estados Unidos, cuya tasa de reclamaciones denegadas duplica la media del sector y que actualmente se enfrenta a una demanda colectiva por utilizar la IA para rechazar automáticamente las solicitudes de cobertura de los pacientes.




